Golpes y más golpes para La Ribera de Navarra.
El alcalde de Fustiñana ha alzado la voz contra la intención del Gobierno de Navarra de cerrar el servicio de urgencias en la localidad y en Fitero, y a pesar de las reiteradas denuncias del Ayuntamiento, más de 500 vecinos siguen sin tener garantizada la asistencia de un médico de atención primaria, una carencia que refleja el abandono progresivo de la atención sanitaria en buena parte del entorno rural de la Ribera.
Ante esta realidad, resulta
difícil no denunciar la absoluta desidia por parte del Gobierno de Navarra,
que no ha sabido dar respuesta a los problemas que se acumulan en nuestra
comarca.
Las empresas cierran, los trabajadores esperan soluciones, los vecinos siguen sin médico o en eternas listas de espera, los proyectos esenciales como la segunda fase del Canal de Navarra continúan estancados y la presión migratoria va en aumento.
Hoy más que nunca, la Ribera necesita no solo inversiones y políticas reales, sino también confianza y sentido de pertenencia, algo que los alcaldes de la zona vienen reclamando desde hace años.
Mientras tanto, las formaciones
que sostienen el Ejecutivo Foral —PSN, Geroa Bai, EH Bildu y Contigo Navarra—
parecen más preocupadas por mantener sus equilibrios políticos que por ofrecer
una visión clara y valiente para el desarrollo de la Ribera. Un desarrollo que, ni está ni se le espera.

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