(Acudimos a uno de los libros de Don Manuel García Sesma, Investigaciones históricas sobre Fitero I, para tener alguna información sobre el actual “cementerio” de Fitero)
El cementerio de Fitero, de titularidad
municipal, comenzó a construirse en 1804 si bien hasta el 8 de abril de 1833 no
se enterró en él al primer vecino de Fitero.
Pero, hagamos un poco de historia. En 1786, el rey Carlos
III dictó una ley que ordenaba el establecimiento de cementerios fuera de las
iglesias por motivos de salubridad, prohibiendo los entierros en los templos.
Hasta entonces los cementerios se encontraban en las proximidades de las
iglesias y eran habituales también los enterramientos dentro de las propias
iglesias. En el caso de Fitero, la actual plaza de la Iglesia y la plaza de las
Malvas, sirvieron de cementerios locales, al margen de que fueron muchos los
vecinos de Fitero enterrados dentro de la propia iglesia abacial.
El caso es que Manuel Gómara, alguacil de la
Villa, o como se decía entonces, “ministro”, fue el responsable de
llevar a la Abadía el Oficio de la Junta de Sanidad por el que se recordaba al
Monasterio que habían de cumplir lo dispuesto por las autoridades gubernativas,
es decir, la Real Cédula de Carlo IV de 28 de junio de 1804 que establecía la obligatoriedad
de construir cementerios "ventilados" en todos los pueblos y
ciudades del reino, incluido Navarra.
Curiosamente, fue Manuel
Gómara, el mismo que se encargó de recordar al Monasterio la obligatoriedad en el cumplimiento de la
norma, el primer fiterano en ser enterrado en el cementerio que hoy todos
conocemos y en el que descansan nuestros seres queridos.
Ese mismo año, en 1833, recibieron sepultura
en el actual cementerio un total de 106 personas de las 127 que fallecieron ese
año en la localidad.
Recuerda Manuel Garcia Sesma:
“Merecen citarse entre ellas, a título de curiosidad, Blas Pina, casado, que “murió ahogado en el Río de las Quadras y baxó hasta la huerta de arriba de este Monasterio”; Felipe Martínez y Toledo, casado, de Cervera, que murió el 25 de septiembre “de resultas de que lo cogió un novillo, el día de la Virgen de la Barda”; Raimundo Pérez, soltero, de 24 años, que murió el 15 de diciembre, “a resultas de dos puñaladas que recibió”; y el Prior del Convento, D. Norberto del Valle, que murió el 26 de diciembre”.
El cementerio de Fitero, como cualquier otro cementerio, no es solo un lugar donde descansan nuestros seres queridos; es un espacio de memoria, de recogimiento y de respeto. Cada nombre grabado en sus lápidas guarda una historia que forma parte de la nuestra, una huella que nos recuerda de dónde venimos y quiénes somos. Cuidarlo y visitarlo es también honrar la vida, agradecer el legado recibido y mantener vivo el vínculo con quienes nos precedieron.


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