El 14 de julio de 2001, en Leiza,
fue asesinado por la banda terrorista ETA el concejal de Unión del Pueblo
Navarro (UPN) José Javier Múgica. Esa mañana, sobre las 10:00h, Múgica salió de
su domicilio, para entrar en su furgoneta, pero nada más arrancar el vehículo,
explotó una bomba-lapa colocada en los bajos del vehículo.
Ainhoa Múgica, conocida
como ‘Olga’ y considerada durante años una de las principales
responsables del aparato militar de ETA, reconoció ayer en la Audiencia
Nacional que dio la orden para asesinarlo.
Múgica había regresado la
noche anterior de Fitero, del Balneario, donde había entonado, a capella, su
última Ave María. A José Javier le gustaba mucho la música y formaba parte de
la coral Jeiki de su pueblo, como tenor.
Ahinoa Múgica, la encargada de
dar la orden de acabar con la vida de Múgica, entró el jueves andando a la Audiencia
Nacional desde la calle (cumple condena por otros crímenes y disfruta de
permisos penitenciarios), confesó su participación en el asesinato, y, en vez
de salir en un furgón policial, salió andando en libertad.
El hecho de que ayer confesara su
participación en el asesinado de José Javier no le va a suponer ni un solo día
más de condena.
No podemos olvidar los crímenes de ETA porque representan una herida profunda en la historia reciente de España, marcada por el dolor de miles de víctimas inocentes. Recordarlos es un acto de justicia, de respeto a quienes sufrieron la violencia, y de compromiso con la memoria democrática. Olvidar sería permitir que el terror quede impune y que el sufrimiento se desvanezca sin reparación ni verdad.


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