Cuando llegan las fiestas
navideñas, muchas personas piensan en familia, encuentros, abrazos, risas en
torno a la mesa… Pero para un número importante de mayores —sobre todo aquellos
que viven solos— la Navidad puede convertirse en una fiesta complicadas: un
recordatorio de ausencias, de silencios y de soledad.
Consciente de esa realidad, el
Ayuntamiento de Fitero ha puesto en marcha una campaña muy humana: ofrecer a
las personas mayores que viven solas la posibilidad de pasar la Nochebuena, la
Navidad, la Nochevieja o el Año Nuevo en la residencia municipal, en un
ambiente cálido, acogedor y acompañado.
El gesto del Ayuntamiento de
Fitero trasciende lo material: no se trata solo de ofrecer una “mesa compartida”
sino de ofrecer humanidad. Este gesto puede aliviar la angustia de la soledad,
fomentar relaciones, animar a la esperanza, reparar heridas silenciosas.
Además —y esto es importante
especialmente en pueblos como el nuestro—— esta iniciativa puede servir de
ejemplo de comunidad. Si reaccionamos con sensibilidad y solidaridad hacia los
más vulnerables, reforzamos nuestros lazos, cuidamos nuestra identidad
colectiva, y mostramos que el cuidado de los mayores forma parte del alma de un
pueblo.
La soledad y el aislamiento en la
vejez son una realidad creciente, alimentada por cambios demográficos, nuevos
modelos familiares y la pérdida progresiva de redes de apoyo. Cada vez más
personas mayores viven solas, muchas tras la muerte de su pareja o la marcha de
sus hijos, y afrontan el día a día sin compañía ni interacción significativa.
Esta situación no solo afecta al estado emocional, sino que también repercute
en la salud física, la autonomía y la percepción de sentido vital. Reconocer
esta realidad es el primer paso para abordarla con políticas públicas y con
gestos comunitarios que devuelvan a nuestros mayores el acompañamiento y la
dignidad que merecen.
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