Pero mientras esta vía recibe una inversión millonaria y una planificación integral, la NA-6900 vuelve a quedar fuera de los Presupuestos Generales de Navarra. Otro año más, Fitero queda fuera. Otra vez la misma explicación silenciosa: no hay partida, no hay previsión, no hay calendario. Y, por tanto, no hay solución.
Es difícil no ver aquí una llamativa desigualdad en la atención que el Gobierno presta a su propia red viaria. Porque la NA-6900 no es una carretera menor ni desconocida: es un eje fundamental para la movilidad de Fitero, para su actividad económica y para la seguridad de quienes la transitan a diario. Cohesión Territorial acometió el pasado verano una actuación limitada, apenas 1.640 metros para mejorar las condiciones de seguridad. Un parche necesario, sí, pero claramente insuficiente.
La pregunta es evidente: ¿y el resto? ¿Qué ocurre con los kilómetros que siguen esperando una mejora profunda? ¿Por qué una vía recibe una intervención estructural mientras otra, igual o más necesitada, continúa relegada?
El Gobierno de Navarra debe explicar por qué se consolida esta brecha entre carreteras de primera y carreteras de tercera. La seguridad vial no puede depender de prioridades cambiantes ni de criterios que nunca se hacen públicos. La ciudadanía merece vías dignas, seguras y mantenidas con rigor… y, sobre todo, merece equidad territorial.
Porque no se trata solo de asfaltar. Se trata de cohesión real, esa de la que tanto se habla pero que se demuestra —o se desmiente— con cada decisión presupuestaria.

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