Fin del proyecto "Paraguas Comunitario" en Fitero



Hoy, último día del año, se pone fin en Fitero al proyecto Paraguas Comunitario, una iniciativa de prevención dirigida a la infancia y la adolescencia. No termina por falta de implicación, ni por ausencia de resultados. Termina por una razón mucho más sencilla: la falta de una financiación suficiente por parte del Gobierno de Navarra.

Conviene recordar de dónde venimos. Fitero no llegó a este proyecto por casualidad. En 2024 se ganó a pulso su participación tras superar una convocatoria de concurrencia competitiva. Fue reconocido el trabajo previo, la realidad social del municipio y la apuesta clara por la prevención comunitaria. Paraguas Comunitario nació así como una experiencia piloto, sí, pero con una base sólida y con objetivos bien definidos.

Las cosas, además, no se hicieron mal. En 2025 el Gobierno de Navarra decidió subvencionar las actividades, reconociendo implícitamente que el proyecto funcionaba y que tenía sentido darle continuidad. Y los hechos lo avalan. Durante este tiempo se creó un espacio joven como lugar de encuentro, relación y desarrollo de actividades; se llevaron a cabo múltiples propuestas educativas, lúdicas y formativas dirigidas a niños y jóvenes; y se incorporó una mediadora en claves culturales en el colegio, facilitando la convivencia, el entendimiento y la inclusión en un entorno cada vez más diverso.

Todo ello se hizo desde la cercanía y la coordinación entre profesionales, familias y el centro educativo. Una intervención silenciosa, constante y preventiva que no ha buscado titulares. 

Por eso la sorpresa —y la decepción— llega este año. La financiación no solo se reduce a más de la mitad, sino que además deja de ir directamente al proyecto para canalizarse a través de la Mancomunidad de Servicios Sociales de Cintruénigo y Fitero. Un cambio que, en la práctica, hace inviable mantener una iniciativa específica, adaptada a la realidad local y con identidad propia.

La prevención en la infancia y la adolescencia no puede sostenerse a medias. No puede depender de partidas menguantes ni diluirse en estructuras más amplias que, aun siendo imprescindibles, no siempre permiten desarrollar proyectos con continuidad. La infancia y la adolescencia necesitan estabilidad, coherencia y compromiso a largo plazo.

Es una pena que proyectos tan necesarios tengan que acabarse así, justo cuando empiezan a dar frutos. Porque invertir en prevención no es un gasto superfluo, es una apuesta inteligente. Cuando dejamos de hacerlo, el coste no desaparece: simplemente se traslada al mañana.

Por último, es de justicia reconocer y agradecer el trabajo de todos los profesionales que han intervenido en la ejecución del proyecto. Su implicación, profesionalidad y compromiso han hecho posible que Paraguas Comunitario haya sido una realidad en Fitero, demostrando que, incluso en contextos de recursos limitados, el trabajo bien hecho deja huella y aporta valor a la comunidad. 

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