¡Menuda visita!

 



La Residencia San Raimundo Abad de Fitero ha recibido la visita de los niños de 5º de Primaria del Colegio Juan de Palafox. El objetivo: hablar con ellos sobre la amabilidad y los buenos modales.

En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, corremos el riesgo de que cada generación camine por su propio carril, desconectada de las demás. Sin embargo, cuando niños, adultos y mayores colaboran, ocurre algo maravilloso: se construyen comunidades más fuertes, más sabias y humanas.

El trabajo intergeneracional es una estrategia social y una necesidad profunda. Las personas mayores aportan experiencia, memoria, perspectiva y la serenidad que solo da la vida vivida. Los niños, por su parte, suman energía, creatividad, mirada fresca y una enorme capacidad para cuestionarlo todo y abrir caminos nuevos.

El trabajo intergeneracional no es una moda: es una herencia que nos damos unos a otros. Y es, quizá, una de las formas más bellas de mantener viva la identidad, la memoria y la dignidad de un pueblo.


En este sentido, la Residencia de Fitero es un ejemplo vivo de cómo cuidar a nuestros mayores con calidad, cercanía y humanidad. No solo ofrece una atención profesional excelente, sino que se ha convertido en un hogar real, en un espacio donde las personas mayores se sienten acompañadas, respetadas y queridas. La buena salud que atraviesa la residencia no es fruto del azar: es el resultado de un trabajo comprometido, de un equipo entregado y de una comunidad que no da la espalda a su gente.

Además, la Residencia de Fitero se ha vuelto un punto de encuentro entre generaciones. Las visitas de escolares, las actividades compartidas y el contacto continuo con la vida del pueblo hacen que sus residentes no queden aislados, sino plenamente integrados. Estas dinámicas fortalecen la autoestima de los mayores y, al mismo tiempo, enseñan a los más jóvenes el valor del respeto, la memoria y el agradecimiento. Es, en definitiva, un símbolo de lo que puede lograrse cuando un pueblo cuida de quienes lo cuidaron antes.

Del mismo modo, el colegio Juan de Palafox mantiene un firme compromiso con las actividades intergeneracionales. Profesores y alumnado participan de manera activa en encuentros, talleres y visitas que fortalecen los lazos entre niños, jóvenes y residentes. 

Gracias a esta implicación constante, los estudiantes crecen aprendiendo el valor del respeto, la empatía y la gratitud hacia quienes les precedieron, mientras que nuestros mayores sienten que siguen formando parte esencial de la vida del pueblo. Es un compromiso educativo y humano que honra nuestra identidad y construye futuro.



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