Y Fitero asumió, como Patrona, a Santa Lucía


Ciertamente, podemos afirmar que Santa Lucía puede considerarse la primera advocación que el pueblo de Fitero asumió como patrona, un hecho de enorme relevancia histórica y simbólica para la comunidad. Esta elección, nacida de una devoción profundamente arraigada en el sentir popular, no fue, sin embargo, bien recibida por el monasterio y, de manera muy especial, por su abad, que veía con recelo una religiosidad vivida y organizada al margen de su autoridad directa.

Tal era la veneración que los fiteranos profesaban a la santa mártir que su nombre quedó grabado en la propia fisonomía del municipio: una de las puertas de acceso a la localidad, un barrio, un término municipal y, ya en el siglo XV, una imagen de la santa, dan testimonio de una devoción viva, constante y compartida por todo el pueblo.

Resulta especialmente significativo que dicha imagen no se custodiara, como cabría esperar, en la iglesia del monasterio, sino en la Casa del Concejo, el actual Ayuntamiento. Este hecho, cargado de simbolismo, evidenciaba que la devoción a Santa Lucía era sentida como algo propio del pueblo, vinculada a la vida civil y comunitaria. Precisamente por ello, esta situación generó un notable malestar entre los monjes del monasterio, que interpretaban la celebración de actos religiosos fuera de su ámbito como una pérdida de control espiritual y jurisdiccional.

Fueron los tribunales de la época quienes intervinieron para poner fin al conflicto, obligando al traslado de la imagen al templo monástico. Poco después, en 1543, se fundó la primera cofradía del pueblo —la primera no vinculada a fines milicianos— en honor a Santa Lucía. Dicha cofradía fue erigida bajo el abadiato de Martín Egüés y de Gante, formalizando institucionalmente una devoción que ya llevaba siglos latiendo en el corazón del vecindario.

Hoy, en pleno siglo XXI, los cofrades de Santa Lucía continúan reuniéndose en el Ayuntamiento. No se trata de una mera cuestión práctica o de comodidad, sino de un acto cargado de memoria y legitimidad histórica: lo hacen porque, “por derecho”, consideran ese lugar como el espacio originario donde la imagen fue custodiada y venerada. De este modo, la cofradía mantiene viva no solo la devoción a la santa, sino también el vínculo profundo entre fe e identidad popular que ha marcado la historia de Fitero desde sus orígenes.

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