Fitero se detuvo ayer martes a las doce del mediodía. Lo hizo en la Plaza de San Raimundo, corazón del municipio, donde decenas de vecinos y vecinas se congregaron para guardar un minuto de silencio en memoria de las víctimas del trágico accidente ocurrido recientemente y en solidaridad con sus familias.
La respuesta ciudadana fue notable. A la convocatoria del Ayuntamiento se sumaron personas de todas las edades, trabajadores que interrumpieron su jornada, mayores del municipio y, de manera especialmente significativa, varias clases del colegio Juan de Palafox, cuyos alumnos y alumnas participaron con un silencio respetuoso y ejemplar.
Antes del minuto de silencio, el alcalde dirigió unas palabras a los asistentes, recordando el sentido del acto y el lugar en el que se celebraba. “Nos hemos reunido hoy aquí, en la Plaza de San Raimundo, el corazón de nuestro pueblo, un espacio ligado a nuestra historia y a valores que nos definen como comunidad: la acogida, el cuidado de los demás y el sentido de estar juntos”, señaló.
Durante su intervención, subrayó que en un pueblo como Fitero las noticias de este tipo no se viven con distancia. “Cuando ocurre algo así, no es una noticia lejana. Nos afecta como comunidad, porque detrás de cada suceso hay personas, familias y un dolor que sentimos como propio”, afirmó.
El silencio que siguió fue profundo. Un minuto sin prisas ni gestos superfluos, en el que la plaza —habitualmente llena de conversación y movimiento— se convirtió en un espacio de recogimiento compartido. En ese instante, la presencia del alumnado del colegio Juan de Palafox aportó una dimensión especial al acto, reflejando la implicación de toda la comunidad educativa y el valor pedagógico de estos gestos colectivos.
“El minuto de silencio no pretende explicar lo inexplicable”, recordó el alcalde, “pretende simplemente estar. Estar presentes. Decir desde el respeto que las familias no están solas”.
El acto concluyó con aplausos y sin consignas, fiel a su propósito inicial: un gesto sencillo, pero cargado de significado. Un gesto que volvió a mostrar que Fitero sabe detenerse cuando la situación lo requiere y que, como comunidad, responde unida ante el dolor.
La elevada participación vecinal y la implicación del colegio Juan de Palafox confirmaron que el silencio, cuando es compartido, también comunica valores, memoria y humanidad.

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