La basura no aparece sola: la dejadez que ensucia Fitero



No es un problema puntual ni una anécdota aislada. Es una imagen que se repite con demasiada frecuencia: sofás apoyados en los contenedores, colchones abandonados en cualquier esquina, electrodomésticos rotos junto a bolsas de basura. No es vandalismo nocturno ni falta de medios. Es algo más simple y, a la vez, más grave: dejadez y falta de responsabilidad ciudadana.

Porque conviene decirlo alto: en Fitero, como en el resto de los pueblos que conforman la Mancomunidad La Ribera, el servicio de recogida de voluminosos es gratuito. No hay excusas económicas. Además, contamos con un área de aportación gratuita, preparada precisamente para que este tipo de residuos se gestionen de forma correcta, ordenada y respetuosa con el entorno. Aun así, algunos vecinos siguen optando por la vía más cómoda: dejarlo al lado del contenedor y “ya lo recogerá alguien”.

Pero ese “alguien” somos todos.

Cada voluminoso abandonado fuera de lugar genera un problema añadido: da mala imagen, ocupa espacio público, dificulta la limpieza viaria, puede ser peligroso y transmite una sensación de abandono que no se corresponde con el pueblo que decimos querer. Un sofá tirado no es solo un sofá: es un mensaje de desinterés por lo común.

Resulta especialmente frustrante porque las normas existen, los servicios existen y la información es accesible. Basta una llamada, un gesto mínimo de civismo, para hacer las cosas bien. Sin embargo, hay quien decide ignorarlo todo y trasladar su comodidad personal al espacio colectivo.

Este comportamiento, además de incívico, es profundamente injusto. Injusto con quienes sí cumplen, con quienes se molestan en llevar los residuos al punto habilitado o en solicitar la recogida. Injusto con los trabajadores municipales que deben dedicar tiempo y recursos a retirar lo que nunca debió estar allí. E injusto con un pueblo que merece cuidado y respeto.

No se trata solo de limpieza. Se trata de convivencia, responsabilidad y sentido de pertenencia. Un pueblo no se mantiene solo por la labor del ayuntamiento o de los servicios públicos; se sostiene, sobre todo, por la actitud diaria de sus vecinos. Y aquí es donde algunos están fallando.

Denunciar esta realidad no es señalar, es una llamada de atención necesaria. Porque cuidar el pueblo no es una opción ni una recomendación: es una obligación compartida. Y porque la dejadez de unos pocos no puede seguir empañando el esfuerzo y el compromiso de la mayoría.

El mensaje es sencillo: hay servicio, es gratuito y funciona. Lo que falta, en algunos casos, es voluntad. Y eso, por desgracia, no se puede recoger con un camión.

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