(Artículo publicado en Diario de Navarra, hoy 26 de febrero de 2026)
En diciembre de 2024, los
alcaldes de Fitero, Cintruénigo y Corella nos dirigimos a la Presidenta del
Gobierno de Navarra con un mensaje urgente: la realidad migratoria en el Valle
del Alhama no es un fenómeno coyuntural ni una estadística pasajera. Es una
transformación demográfica, pero sobre todo es una profunda transformación
social que ha desbordado, por presión y por velocidad, las costuras de las
políticas públicas ordinarias. No estamos ante un "pico" ocasional,
sino ante un cambio estructural que requiere una mirada nueva. Nueva y, sobre
todo, valiente.
Estamos hablando de personas que
nos llegan y que, en su mayoría, desconocen el idioma del país que les acoge.
Estamos hablando de personas de otras latitudes con claves culturales muy
distintas a las nuestras y, en ocasiones, muy distantes de las nuestras.
Estamos hablando, en definitiva, de un reto sin precedentes que no puede recaer
exclusivamente sobre los hombros de los ayuntamientos.
Durante este tiempo, hemos
trabajado en tres mesas técnicas: Padrón y Urbanismo, Educación, y Empleo y
Formación. En Fitero, en cuestiones de padrón, hemos gestionado más de 150
bajas de oficio durante 2025 y hemos trasladado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad
del Estado las más que evidentes sospechas de personas que “trafican” con los
empadronamientos y que amedrentan a sus propios compatriotas que, atemorizados,
no se atreven a denunciar. En el ámbito urbanístico, hemos paralizado varias
obras destinadas a crear vergonzosas infraviviendas. En materia de educación,
llevamos años garantizando una mediadora en claves culturales en el colegio
para que las familias tengan interlocución con los profesores, a veces gracias
a la iniciativa privada y otras a enmiendas o convenios.
Sé que estos trabajos no son un sprint,
sino una carrera de fondo. Y sé también que contamos con el reconocimiento del
Gobierno de Navarra a todos los empeños realizados. Sin embargo, tras meses de
interlocución, la conclusión es ineludible y nos devuelve a la casilla de
salida: ante una situación extraordinaria, la respuesta debe ser, por fuerza,
extraordinaria. No podemos seguir pretendiendo gestionar la complejidad social
del siglo XXI con las herramientas burocráticas del siglo XX.
En estas mesas han participado
técnicos de las consejerías de Derechos Sociales, Políticas Migratorias y
Educación. El trabajo ha sido riguroso, pero quiero ser muy claro: me he
cansado de estudios, estadísticas y datos que, en muchas ocasiones, pueden parecer
lo que no es. Los informes suavizan una realidad que es mucho más cruda cuando
se pisa la calle. Las cifras pueden aguantarlo todo sobre el papel, pero la
presión que vivimos en el día a día no entiende de promedios estadísticos;
entiende de realidades que claman por una intervención integral.
En el transcurso de estos
encuentros, una frase de un técnico del Gobierno de Navarra encapsuló el muro
contra el que chocamos: “Podemos ayudar con lo que hay”. Y es que,
precisamente, ese es el núcleo del problema. Que “lo que hay” —enmiendas
genéricas, subvenciones o refuerzos puntuales— no alcanza a abordar una
problemática tan compleja. "Lo que hay" es lo que nos ha traído hasta
aquí; y para salir de este bucle, necesitamos herramientas que quizás todavía
no existen. Lo que hoy vivimos en Fitero no se soluciona con parches
administrativos que caducan al finalizar el año. Todo es bienvenido, pero
resulta insuficiente si no va acompañado de un cambio de paradigma en la
gestión.
Conozco cada calle y muchas de
las problemáticas que se esconden tras los portales de mi pueblo. La tentación
de la administración foral suele ser aplicar la "política del
parche". Aunque estas medidas alivian síntomas, no “curan” la situación de
fondo. Reclamar una respuesta extraordinaria significa crear un marco de
actuación singular. Una inversión transversal que ignore los compartimentos
estancos de las consejerías.
Es importante precisar que Fitero
es hoy un pueblo donde la convivencia se mantiene con normalidad, a pesar de
que los resultados de nuestros esfuerzos son demasiado lentos. No estamos aquí
para denunciar conflictos, sino para evitar que se produzcan. Y créanme, no
siempre es fácil. No podemos ignorar que esta transformación genera una presión
invisible, pero real. El sosiego social no es un regalo garantizado por
inercia; es un equilibrio delicado. Ignorar esta presión estructural no la hace
desaparecer, solo la cronifica.
El Ejecutivo Foral ha mostrado
disposición al diálogo, pero este no puede ser un fin en sí mismo. Las
reuniones no pueden ser una "terapia de grupo" para ayuntamientos
desbordados.
La situación en Fitero es un
espejo donde podría mirarse el futuro de toda Navarra: somos el pueblo con
mayor pobreza infantil de la Comunidad Foral; la población escolar de origen
migrante supera el 74% y, aunque los datos de la afiliación a la seguridad
social hayan arrojado un poco de esperanza entre la población migrante, la
realidad sigue siendo sangrante. Con esta realidad, pregúntense ¿creen
realmente que nuestro ayuntamiento dispone de recursos y herramientas para
afrontarla?
Si logramos articular una
respuesta basada en el rigor, la inversión valiente y la integración real a
través del empleo y el respeto a las normas, habremos construido un modelo de
éxito y profundamente ético. Si nos limitamos a gestionar la inercia, estaremos
hipotecando la estabilidad de nuestro pueblo.
Lo que pido no es solidaridad;
reclamo inteligencia política. Una sociedad fragmentada es una sociedad débil.
Una comunidad que integra, pero que también exige deberes, es una comunidad
próspera y segura. Para mí, el tiempo de las alertas ya pasó. Estamos en el
tiempo de la ejecución, porque estamos en tiempo de descuento.
Mis vecinos —todos ellos— merecen
una administración local que esté a la altura del desafío y un ayuntamiento que
no se pase el día gestionando la escasez. Yo, al menos, me he cansado de
políticas basadas en parches. Fitero no necesita más remiendos; necesita un
traje nuevo, a medida de su realidad actual, para poder seguir caminando con
dignidad y esperanza hacia el futuro.

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