Fitero volvió a vivir ayer una de las celebraciones más solemnes y arraigadas de su calendario religioso: la festividad del Corpus Christi. Una jornada marcada por la fe, la tradición y el sentimiento de comunidad parroquial que volvió a reunir a numerosos vecinos en torno a una de las celebraciones más emblemáticas de la Iglesia.
Conocida como la "madre" de todas las procesiones, la procesión del Corpus recorrió las calles de la localidad acompañada por el respeto y la devoción de quienes participaron en ella. El Santísimo Sacramento volvió a ser el centro de una celebración que hunde sus raíces en siglos de historia y que sigue conservando una especial relevancia en la vida de nuestro pueblo.
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue el impulso que la Parroquia de Fitero y de su párroco, Don Fermín Macías, promovió para que todas las cofradías de la localidad estuvieran presentes en la celebración con sus respectivos estandartes. Una imagen poco habitual por su amplitud y riqueza simbólica, que puso de manifiesto la unidad de las distintas cofradías y su compromiso con las tradiciones religiosas de Fitero.
La presencia conjunta de los estandartes aportó solemnidad y belleza a la procesión, convirtiéndose en uno de los momentos más significativos de la jornada y reflejando la vitalidad del tejido cofrade local.
Como marca la tradición, la Corporación Municipal participó también en los actos del Corpus, acompañando la procesión y reafirmando el vínculo histórico que une a las instituciones locales con las principales celebraciones de la villa. Una presencia que forma parte de la identidad de Fitero y que se mantiene generación tras generación.
La Banda de Música de Fitero volvió a poner la nota musical a la celebración. Bajo la dirección de Eugenio Irigaray, los músicos acompañaron el recorrido procesional con la solemnidad y la calidad que caracterizan a una formación que constituye uno de los grandes orgullos culturales de nuestro municipio.
La música, los estandartes, la participación de las cofradías, la presencia institucional y la devoción popular se unieron para dar forma a una celebración que volvió a demostrar la capacidad de Fitero para conservar y transmitir sus tradiciones.
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