Don José María García Lahiguera: 37 años del adiós de un fiterano muy querido



El calendario de la Villa de Fitero guarda con especial celo y respeto la fecha del 14 de julio. Hoy se cumplen exactamente 37 años del fallecimiento en Madrid, en 1989, de uno de sus hijos más ilustres y queridos: Don José María García Lahiguera.

Nacido en la cuna fiterana el 9 de marzo de 1903, García Lahiguera llevó siempre con orgullo el nombre de su pueblo natal a lo largo de una trayectoria eclesiástica de enorme trascendencia para la Iglesia española del siglo XX. Declarado Venerable por el Papa Benedicto XVI en 2011, su figura trasciende el ámbito puramente religioso para consolidarse como un pilar de la memoria histórica y afectiva de Fitero.

García Lahiguera inició su andadura formativa en el seminario menor de Tudela en 1913, antes de trasladarse a Madrid. Tras su ordenación sacerdotal en 1926, su vida estuvo profundamente ligada al cuidado, formación y acompañamiento de los presbíteros, ganándose a pulso el sobrenombre del "sacerdote de los sacerdotes".

A lo largo de su fecunda andadura pastoral, ostentó cargos de altísima responsabilidad: Obispo auxiliar de Madrid-Alcalá (1950-1964), Obispo de Huelva (1964-1969) y Arzobispo de Valencia (1969-1978). 

Su gran aportación a la Iglesia universal se materializó en su labor como fundador —junto a María del Carmen Hidalgo de Caviedes— de la congregación de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote en 1938, así como en su incansable empeño por promover la fiesta litúrgica de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, introducida oficialmente en el calendario español en 1973.

A pesar de haber alcanzado el reconocimiento de la curia y el afecto de miles de fieles en Valencia, Huelva y Madrid, la humildad guio siempre sus pasos. En su testamento espiritual, redactado bajo una profunda sencillez, dejó escrito: "Acepto gozoso la muerte con todas las circunstancias que el Señor tenga a bien disponer... No dejo encargo de sufragios por el eterno descanso de mi alma, fuera del entierro y funeral obligados, disponiendo que uno y otro sean de humilde y sencilla clase".

Fallecido a los 86 años, sus restos reposan en el oratorio de la Casa Madre de las Hermanas Oblatas en Madrid, pero su recuerdo sigue anclado con fuerza en el corazón de Fitero.

Para los fiteranos, Don José María no fue solo una alta dignidad eclesiástica de las enciclopedias, sino el vecino entrañable que, a pesar de sus incesantes obligaciones y de la distancia, jamás olvidó sus raíces navarras. Su ejemplo de entrega, su talla intelectual y su calidad humana siguen siendo hoy, 37 años después de su partida, un espejo en el que se mira la comunidad de Fitero.

La efeméride de este 14 de julio invita, una vez más, a mantener encendida la llama de su memoria y a valorar el inmenso legado de un fiterano que hizo de la sencillez y el servicio su mayor bandera.

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