Fitero vuelve a recordar hoy a sus tres obispos


Hay tradiciones que forman parte de la memoria de un pueblo. Algunas se celebran cada año; otras, además de celebrarse, sirven para recordar de dónde venimos y a quienes, nacidos aquí, llevaron el nombre de Fitero mucho más allá de sus fronteras.

Hoy, último día de las fiestas de la Virgen de la Barda, Fitero volverá a honrar y recordar a sus obispos, en una celebración que forma parte de la tradición religiosa de la localidad y que tendrá lugar a las 12:00 horas en la iglesia parroquial.

La celebración contará con la presencia del alcalde de Fitero y miembros de la Corporación Municipal, que acompañarán a los vecinos en este acto con el que el municipio mantiene viva la memoria de tres figuras excepcionales nacidas en Fitero: el beato Juan de Palafox y Mendoza, Miguel de los Santos Díaz y Gómara y el venerable José María García Lahiguera. El programa oficial de las fiestas recoge expresamente esta misa solemne en memoria de los obispos de Fitero.

Son tres nombres separados por siglos y por trayectorias muy diferentes, pero unidos por algo que para Fitero tiene un significado especial: los tres nacieron en esta localidad navarra. El propio Gobierno de Navarra los incluye entre las figuras eclesiásticas vinculadas a la historia de Fitero.

El primero en el tiempo fue Juan de Palafox y Mendoza, nacido en Fitero el 24 de junio de 1600. Su trayectoria le llevó a convertirse en una de las grandes figuras del México virreinal. Fue obispo de Puebla de los Ángeles entre 1639 y 1649 y desarrolló también una importante actividad política, literaria y cultural. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes lo define como obispo, político, literato, historiador y escritor ascético.

Palafox llegó a ocupar durante un breve periodo el cargo de virrey de Nueva España y dejó una importante huella cultural, especialmente a través de la biblioteca que hoy lleva su nombre en Puebla. Murió en Osma en 1659 y fue beatificado en 2011.

Su figura es, por tanto, la de un fiterano que terminó desempeñando responsabilidades de primer nivel en la Iglesia y en la administración de la Monarquía Hispánica, al otro lado del Atlántico.

Tres siglos después, Fitero volvía a ser cuna de otra figura episcopal. Miguel de los Santos Díaz y Gómara nació en Fitero el 5 de julio de 1885.

Su formación pasó por Estella, Pamplona, Zaragoza y Roma. Fue ordenado sacerdote en 1909 y desarrolló buena parte de su primera trayectoria eclesiástica en Zaragoza. En 1920 fue nombrado obispo auxiliar de Zaragoza y posteriormente ocupó las diócesis de Osma-Soria y Cartagena. La Real Academia de la Historia destaca su actividad pastoral, especialmente en ámbitos como el seminario, la catequesis, la Acción Católica y las visitas pastorales.

Murió en Murcia en 1949, después de una trayectoria episcopal que volvió a llevar el nombre de Fitero mucho más allá de Navarra.

El tercero de estos tres obispos fiteranos fue José María García Lahiguera, nacido en Fitero el 9 de marzo de 1903.

Fue ordenado sacerdote en 1926 y dedicó buena parte de sus primeros años al seminario de Madrid, donde ejerció como formador, profesor y director espiritual. La Real Academia de la Historia recoge también su detención durante la persecución religiosa de 1936 y su posterior trabajo clandestino de atención a sacerdotes y seminaristas.

Su trayectoria le llevó posteriormente al episcopado y finalmente al arzobispado de Valencia. Además, en 1938 fundó, junto con María del Carmen Hidalgo de Caviedes, las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.

Murió en Madrid en 1989 y actualmente es reconocido por la Iglesia como venerable.

Hoy, cuando Fitero se dispone a poner el punto final a sus fiestas, la localidad vuelve a mirar hacia su historia.

Después de nueve días de celebración, música, tradición, encuentros y fiesta, una misa solemne servirá también para recordar que este pequeño pueblo navarro fue cuna de tres hombres que llegaron a ser obispos y que desarrollaron una trayectoria muy lejos de su lugar de nacimiento.

Tres vidas diferentes. Tres épocas distintas. Un mismo origen: Fitero.

Y por eso, en el último día de sus fiestas, Fitero vuelve a hacer algo que los pueblos hacen cuando conocen y respetan su historia: recordar a los suyos

El programa oficial de las fiestas de 2026 menciona también a Fernando Sáenz Lacalle dentro de la misa en memoria de los obispos de Fitero. 

Y hay una precisión histórica que merece la pena hacer. Fernando Sáenz Lacalle no nació en Fitero, sino en Cintruénigo, aunque llegó a Fitero junto a su familia cuando apenas era un niño. Desde entonces, su vida quedó profundamente ligada a esta localidad, que consideró siempre parte de sus raíces. Su vinculación con Fitero fue histórica y especialmente estrecha, como lo fue también su devoción a la Virgen de la Barda, patrona de la localidad. Por eso, aunque no forme parte de los tres obispos nacidos en Fitero, su nombre ocupa también un lugar en esta tradición y en la memoria de un pueblo que hoy vuelve a recordar a quienes, de una u otra manera, hicieron de Fitero parte de su vida.



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