La víspera de fiestas también se puede celebrar detrás de un puesto de mercadillo. Y si no, que se lo pregunten a los mayores de la Residencia San Raimundo de Fitero, que hoy han convertido su residencia en uno de los puestos más especiales de estas fiestas.
A la venta, productos elaborados por los propios residentes. Trabajos hechos con sus manos, con tiempo, dedicación y, sobre todo, con mucha ilusión. Objetos que, más allá de su valor material, llevan detrás muchas horas compartidas y el orgullo de comprobar que todavía hay mucho que hacer, crear y ofrecer.
Durante unas horas, los mayores han cambiado su rutina para ponerse al otro lado del mostrador. Han preparado el puesto, han colocado sus productos y han ejercido de auténticos vendedores, recibiendo a quienes se han acercado hasta este particular mercadillo.
La iniciativa ha dejado estampas entrañables y, sobre todo, muchas sonrisas. Porque quizá este no haya sido el mercadillo con los productos más caros ni con las ofertas más irresistibles, pero sí uno de esos que se recuerdan.
En la víspera de unas fiestas que están a punto de comenzar, los mayores de Fitero han querido poner también su granito de arena a la celebración. Y lo han hecho como mejor saben: participando, compartiendo y demostrando que las fiestas son también una oportunidad para encontrarse.
Mañana sonará el cohete y Fitero se vestirá de blanco y rojo. Pero antes, sus mayores ya han puesto en marcha su particular celebración.
Un mercadillo pequeño en tamaño, pero enorme en emoción.
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