PISA pone cifras al fracaso educativo en Navarra: Fitero reclama respuestas


¿Qué es el informe PISA? Son las siglas en inglés de Programme for International Student Assessment, el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes que desarrolla la OCDE. Cada tres años, miles de alumnos de distintos países son evaluados para conocer hasta qué punto están preparados para afrontar los retos de la vida adulta.

PISA mide si saben utilizar lo aprendido, si son capaces de comprender un texto, resolver un problema matemático o aplicar conocimientos científicos a situaciones de la vida real. Es, por tanto, una de las principales referencias internacionales para conocer el estado de los sistemas educativos.

Los últimos resultados deberían preocuparnos. España obtiene en esta edición sus peores resultados de toda la serie histórica en Lectura, Matemáticas y Ciencias.

Y Navarra, que durante mucho tiempo presumió, con razón, de tener uno de los mejores sistemas educativos de España, obtiene unos resultados que obligan a revisar esa complacencia. Navarra ha sufrido un importante retroceso respecto a la anterior evaluación, especialmente en Lectura y Matemáticas. Son descensos suficientemente importantes como para exigir una reflexión profunda sobre qué está ocurriendo en nuestras aulas.

Hoy los datos ponen negro sobre blanco las consecuencias: España obtiene los peores resultados de su historia en Lectura, Matemáticas y Ciencias, mientras Navarra sufre también un preocupante retroceso.

Pero los datos de PISA no son solamente una estadística. Detrás de ellos hay colegios, profesores, familias y alumnos. Y es precisamente cuando comienza un nuevo curso escolar cuando conviene mirar a la realidad de nuestras aulas.

En Fitero, los alumnos del colegio público Juan de Palafox han vuelto estos días a las aulas, como lo hacen cada septiembre miles de niños y jóvenes en Navarra. Pero nuestro colegio afronta una realidad que no puede ser ignorada: un amplio número de sus alumnos son de origen migrante y muchos de ellos desconocen o presentan dificultades con el castellano, que es la lengua vehicular de la enseñanza.

Estamos, por tanto, ante una circunstancia que requiere medidas específicas. No sirven únicamente los recursos ordinarios con los que cuenta cualquier centro educativo. El colegio Juan de Palafox necesita recursos extraordinarios, refuerzos y medios suficientes para poder atender adecuadamente esta realidad y garantizar que todos los alumnos tengan las mismas oportunidades de aprendizaje.

Y aquí la responsabilidad debe quedar clara. No puede ser el Ayuntamiento de Fitero quien tenga que financiar estos recursos, buscarlos por sus propios medios o incluso recurrir a financiación privada para cubrir unas necesidades que corresponden al sistema educativo.

La realidad de nuestras aulas ha cambiado y las instituciones deben estar a la altura de ese cambio. Si queremos hablar de igualdad de oportunidades, de inclusión y de una educación de calidad para todos, debemos empezar por garantizar los recursos necesarios allí donde las necesidades son mayores.

A situaciones excepcionales, respuestas excepcionales. Y Fitero lleva demasiado tiempo esperando esa respuesta del Departamento de Educación.

Y aquí llegamos a una cuestión especialmente relevante. Para explicar parte del retroceso que reflejan los resultados de PISA, el propio consejero de Educación apunta al aumento del alumnado de origen inmigrante como uno de los factores que están influyendo en los resultados.

Dicho de otro modo: han tenido que esperar al informe PISA para reconocer una realidad que durante años se está poniendo sobre la mesa desde ayuntamientos de Fitero.

Y aquí aparece una evidente contradicción.

Si el Gobierno de Navarra reconoce que la creciente diversidad del alumnado plantea nuevas necesidades y puede tener un impacto en el rendimiento educativo, ¿cómo se entiende que sean los propios ayuntamientos quienes tengan que reclamar, buscar y, en ocasiones, incluso financiar recursos extraordinarios para hacer frente a esa realidad?

Si el problema existe, la respuesta también tiene que existir.

Y esa respuesta no puede descansar sobre los hombros de los ayuntamientos, de los equipos directivos o de los propios docentes. Debe venir acompañada de más recursos, refuerzos, profesionales y medios suficientes por parte del Departamento de Educación.

Porque hay algo que no resulta aceptable: no se puede utilizar la realidad migratoria para explicar unos malos resultados educativos y, al mismo tiempo, mirar hacia otro lado cuando colegios como el de Fitero necesitan una respuesta específica.

Si el Gobierno reconoce el problema, debe asumir también su responsabilidad para solucionarlo.

Y conviene dejar algo muy claro: Fitero no está esperando de brazos cruzados.

El Ayuntamiento de Fitero lleva años intentando dar respuesta a esta realidad con los recursos que tiene a su alcance, articulando una compleja red de colaboración junto a la Mancomunidad de Servicios Sociales y la Universidad de Navarra.

En el propio colegio se cuenta con una mediadora intercultural, que facilita la comunicación con aquellas familias que desconocen el castellano. Durante el curso escolar se desarrollan también programas de inmersión lingüística y, gracias a la colaboración de la Universidad de Navarra, se organizan campamentos de inmersión lingüística durante los periodos vacacionales.

Son iniciativas que buscan algo tan básico como que ningún niño vea condicionadas sus oportunidades educativas por las dificultades de adaptación lingüística o por las circunstancias de su entorno.

Y, mientras todo esto ocurre, el Ayuntamiento tiene que seguir peleando año tras año para conseguir recursos y, en ocasiones, rascar financiación a través de enmiendas presupuestarias que permitan mantener estos proyectos.

Es decir, el ayuntamiento de Fitero lleva años poniendo medios, buscando soluciones y construyendo alianzas.

Lo que se reclama es que el Departamento de Educación haga también su parte.

Porque la igualdad de oportunidades no puede depender de que un ayuntamiento tenga capacidad para buscar financiación, de que una universidad quiera colaborar o de que unos profesionales estén dispuestos a hacer un esfuerzo adicional.

La educación es una responsabilidad del Gobierno de Navarra. Y cuando las necesidades son mayores, también deben ser mayores los recursos.

Por eso, si el propio Gobierno reconoce ahora que la realidad del alumnado está cambiando y que esa transformación tiene consecuencias en los resultados educativos, lo que debe hacer no es señalar la realidad, sino actuar sobre ella.

No vale reconocer el problema cuando llegan los resultados de PISA y olvidarlo cuando toca poner recursos encima de la mesa.

Fitero lleva años haciendo su parte. Ahora le corresponde al Departamento de Educación hacer la suya.

Comentarios